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Enviado por maria.rua el 4 October 2022
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Nuestra sexualidad nos pertenece desde el momento en que nacemos hasta el último día de vida.

La sexualidad es una experiencia que en ocasiones ha sido reducida a la actividad sexual. Sin embargo, además de ser una construcción biológica, incluye también componentes sociales, culturales, psicológicos, emocionales, históricos, legales, religiosos, éticos.

Esta categoría del ser humano es un eje transversal para la Salud Sexual y Reproductiva e impacta en la calidad de vida, por ser una experiencia que da significado a las creencias que establecemos en función del deseo sexual, intimidad, enamoramiento, amor propio, relaciones cercanas, placer, satisfacción física y bienestar emocional.

Durante el ciclo de vida podemos encontrarnos con eventos vitales que causan estrés y que pueden alterar la percepción de bienestar integral y la dinámica que durante muchos años mantuvimos en relación con la familia, pareja, amigos, compañeros de trabajo y demás grupos sociales. El cáncer de mama hace parte de esos eventos que causan estrés, es una enfermedad que hoy cuenta con modalidades de tratamiento como cirugías conservadoras, mastectomías con posibilidad de reconstrucción inmediata, terapia sistémica y radioterapia entre otras, aumentando las probabilidades curativas o de detención de progresión del cáncer.

A pesar de estos relevantes y grandes avances médicos respecto a los tratamientos oncológicos, luego de un diagnóstico de cáncer de mama comienza a proyectarse en nuestro imaginario la posible e inminente sensación de transformación física que iniciará de forma simultánea al tratamiento oncológico. En este sentido, la vida no solo girará en torno a las exigencias en tiempo que requiere la adherencia a cualquier tratamiento escogido en conjunto con un equipo multidisciplinario, sino que también surgirá de manera inesperada la exigencia de un contexto social que enaltece a la mujer como la musa perfecta de cabellos largos, cejas y uñas impecables, en donde, los senos constituyen esa parte vital del ser mujer, del erotismo, placer y la maternidad. De igual forma, el estigma social de la enfermedad oncológica arraiga aún más la aparente obligatoriedad de mostrar la mejor apariencia física a pesar de cualquier sufrimiento físico o emocional.

Dentro de esas variables individuales y haciendo énfasis en la respuesta sexual de la mujer, podría surgir la modificación del deseo sexual, el cual se entiende como cíclico por no poder reducirse solo a la presencia de estímulos que generan excitación sexual, como así lo explica Basson en su modelo de respuesta sexual femenina (2005). Por lo anterior, resulta necesario abordar de forma preventiva e integral cada una de las dimensiones individuales, familiares, sociales y de salud sexual que puedan modificarse a partir de los posibles efectos secundarios dentro de los tratamientos oncológicos, radioterápicos o quirúrgicos, previamente personalizados para cada caso.

En este espacio se hace énfasis en los riesgos relacionados a la salud sexual de la mujer, como así lo reflejan los resultados obtenidos en una investigación sobre las “características de la sexualidad en mujeres con cáncer de mama” en el cual se estimó una  prevalencia del 77,8%   ante la disminución  significativa de la frecuencia en que se experimentaron  relaciones sexuales;  el 77,8% de igual forma presentó una alteración en la calidad de las relaciones sexuales;  el 85,2%  manifestaron disminución y alteración en el  deseo sexual y  el 44,4% no presentó satisfacción con la sexualidad desde su diagnóstico de cáncer de mama.[1]

Lo anteriormente mencionado, nos lleva a comprender como podría existir una prevalencia de alteraciones en el funcionamiento sexual además de las distorsiones relacionadas al autoconcepto autoimagen y autoestima. (anorgasmia, disminución del deseo sexual, dolor genito pélvico en penetraciones vaginales, dificultad ante la percepción de satisfacción sexual). [2]

Nos enseñaron a mantener una sonrisa a pesar de cualquier dolor, nos exigen a responder día a día como si la enfermedad no existiera, debemos ser madres, esposas, hijas, amigas, compañeras de trabajo, pero olvidamos que las emociones deben seguir su curso dentro de uno de los más grandes duelos existentes: la pérdida de nuestra imagen corporal y libertad.

Las exigencias de personas externas y las autoexigencias que establecemos para querer evidenciar que somos fuertes, se derrumban en la medida en que el duelo nos permite reconocer que existen unas etapas que, de manera inevitable debemos atravesar: la negación, la ira, la incertidumbre, tristeza, ansiedad y negociación. Encontrar estrategias para afrontar la enfermedad e identificar factores que pueden ser protectores, será la mejor forma de resignificar nuestro amor.

En el mes rosa desde el Instituto de Cáncer del Hospital Serena del mar queremos expresar gratitud a todas esas grandes mujeres sobrevivientes o que han sido recientemente diagnosticadas con cáncer de mama, queremos decirte: ¡No estás sola! Proteger tu salud integral (física, mental y sexual) es el primer paso para afrontar juntos este caminar. 

Finalmente, es importante recalcar que la batalla contra el cáncer no acaba cuando la paciente se encuentra libre de enfermedad. El único objetivo no es lograr la cura, también es lograr la recuperación de la calidad de vida que las pacientes solían tener antes del diagnóstico oncológico. Esto es posible en el Instituto de Cáncer del Hospital Serena del Mar en Cartagena donde renace la esperanza de volver a vivir como antes del cáncer.